La Casa Siempre Gana
Desde que tengo 17 años visito Las Vegas, Nevada por lo menos 1 vez al año. Nací en 1985, tú has la cuenta. La Capital del Entretenimiento Mundial es una tradición familiar que me ha dado gratas experiencias y me ha enseñado mucho sobre la suerte. Es uno de los destinos turísticos que más nos encanta visitar a mi esposa y a mi por sus hoteles y zonas comerciales, pero sobre todo por sus casinos. Su inmensidad y decoración nos impresionan como si cada visita fuera la primera vez. Honestamente apostamos muy poco dinero (todos decimos lo mismo), pero es que nos fascina la integración del ambiente: la magnitud de las entradas, los aromas de los casinos, la música, el lujo, el juego, las tiendas, la diversidad de razas. Todo el mundo va a Las Vegas ¿a quién no le encanta Las Vegas?
Como en todo viaje de vacaciones, las emociones comienzan desde la mañana, desde que vamos en camino al aeropuerto de nuestra ciudad Monterrey, México. Siempre hay vuelos directos debido a que los regiomontanos visitamos muy seguido la ciudad de Las Vegas.
Llegando al aeropuerto de La Capital de las Segundas Oportunidades sabemos que nos espera una fila larga en la aduana porque casualmente llegan vuelos a la misma hora, a veces de Europa, otros de Asia. Pero la espera no es algo que desanima, es algo que incrementa la ansiedad por comenzar a disfrutar todo lo que nos espera en la Ciudad del Pecado.
Una vez en el hotel, esto es un día común para mi esposa y a mi, comenzamos el día con un buen desayuno que nos permite caminar grandes extensiones de Las Vegas Blvd. (4-5 casinos), luego realizamos algunas compras, regresamos al cuarto a dejar las bolsas y nos bajamos a jugar a las maquinas (slots). Nos gusta disfrutar de una cerveza o un drink excéntrico mientras nos divertimos gritándole a la maquina ¡dame free games, free games! que son los juegos gratis o cualquier atracción que el juego realice para causar mucho ruido y algo de dinero.
Te confieso que cuando empecé a jugar a las maquinas (slots) tenía las ganas de volverme millonario. Si alguna de estás decía que podía ganar el premio mayor (jackpot) apostando el máximo (entre 3 y 8 dólares) en cada tiro yo le hacía caso. Yo mismo me decía “Esta es la única manera de ganar un buen premio, si apuesto más bajo me va a estar quitando dinero poco a poco”. ¿Te imaginas?, los dueños de los casinos estarían orgullosos de mi si supieran que llegué a esa conclusión. Poco a poco fui entendiendo que la casa siempre gana y fui aceptando esa realidad. ¿Y porqué siempre ganan? me lo preguntaba constantemente en mi lucha por aceptarlo. Si yo he visto que paga buenos premios, algunos grandes, de millones. A mi también me pagó varias veces algunos buenos premios. Y la respuesta es: por probabilidad.
Los Casinos crean el ambiente de juego con más probabilidades a su favor para que ellos ganen dinero. Esto todo el mundo lo sabe y estamos dispuestos a pagar por nuestra diversión. Bueno, al menos mi esposa y yo ya lo vemos como una cuota para disfrutar de ese ambiente que nos encanta.
Para crear buena suerte debemos aumentar las probabilidades de que nos pasen las cosas que queremos. ¿Cómo? Primero debes reconocer tus gustos y talentos para desarrollarte por esa vía. Luego empezar a realizar experimentos en tu laboratorio, que es el ambiente en el que te quieres mover, para medir que es lo que está causando buena suerte y repetir esos eventos.
Le llamo laboratorio de suerte al espacio donde investigas, experimentas, practicas y trabajas para causar ciertos resultados. Es decir, que tu laboratorio de suerte está a tu alrededor, dónde tú decidas tener un evento ahí estará.
Por obvias razones solo hablaré de la experimentación y creación de la buena suerte. La buena suerte son nuestras circunstancias y resultados favorables. ¿Buena según quién? según tú.
Todos debemos elegir nuestro propósito en la vida y dentro de él se encuentran los anhelos y las intenciones que conformarán nuestro estilo de vida. Alguien puede encontrarse 5 pesos en el suelo y considerarlo buena suerte mientras que otra persona los ve y no se molesta en levantarlos y sigue caminando. Tú decides qué es tu buena suerte y para eso es necesario investigar cuales son tus gustos y talentos, experimentar con tus dominios y habilidades, practicar en las áreas que te interesan y trabajar en eso que amas. En tu laboratorio podrás elegir el propósito que te hará feliz, consecuencia de tu buena suerte.
La buena suerte no daña a nadie, al contrario, entre más experimentemos en nuestro laboratorio para crear buena suerte más podemos ayudar a la gente en el mundo. Si obtienes resultados favorables significa que es momento de repetir el proceso para obtener los mismos o mejores resultados. Sin embargo, hay sucesos que nos frustran o que no nos gustan y nos harán percibir que el experimento ha fracasado, pero vamos aprender que esos resultados también son parte de nuestra buena suerte.
La buena suerte no es un estado mental, son acciones que extrapolan una variedad de estados mentales y su consecuencia es favorable. Por ejemplo, intencionalmente usa el optimismo en tus experimentos y verás como cambian las cosas a diferencia de usar el negativismo. Al optimismo agrégale ambición y obtendrás otros resultados. O si la ambición no es un ingrediente que te gusta, agrégale al optimismo persistencia y mide tus resultados. Al reconocer que tienes un laboratorio de suerte a tu disposición puedes realizar investigaciones y prácticas para crear tu buena suerte. Eres libre de crear lo que siempre has soñado. Intencionalmente diviértete en tu laboratorio, es uno de mis ingredientes favoritos: la diversión.
La buena suerte es participar en el mayor número de posibilidades en las que puedan provocar tu anhelo para que el resultado sea favorable. De la misma manera que nos sucede a mi esposa y a mi en las Vegas, entre más veces vayamos, hay más probabilidades de los siguientes 2 escenarios: 1) perder dinero en los casinos y 2) ganar un jackpot millonario. Por más cuentos que nos imaginemos, el escenario 1 tiene más probabilidades y puede ser nuestro destino. Sin embargo, nosotros tenemos más probabilidades de que nos suceda el escenario 2 a diferencia de quienes nunca han pisado Las Vegas. Es el cuento que te digo que me imagino.
