Play Date
Las madres se reunían todos los miércoles en el parque de la colonia para que sus hijos jugaran. Los niños asistían a la misma escuela, el Instituto Estefano Rey, en distintos grados: unos en segundo, otros en tercero y había de cuarto año. Ellos disfrutaban de los juegos que tenía el parque y las madres platicaban de todo y se enteraban de los chismes de la semana. El grupo de madres se formó un día que dos vecinas se encontraron en el colegio.
— Hola vecina ¿qué haces aquí?, ¿a poco tienes a tu chiquito aquí en Rey?
— Sí, nos acabamos de cambiar, entra apenas a segundo de primaria, ¿y el tuyo?
— Nombre el mío va a cuarto. Y mi hija mayor ya pasa a segundo de secundaria.
— ¡Hay que juntarnos veci! Digo, nada elaborado, podemos hacer un play date en el parque o algo así. Mira, que los niños jueguen ahí en los juegos y nosotras nos echamos la platicadita.
— Ándale, me parece muy bien.
Entre las pláticas de mamas en el Instituto se fueron agregando algunas más al grupo. Hasta llegar a tener unos ocho niños y a veces más cuando uno de los niños habituales invitaba a uno de sus amigos a casa.
— Hola ¿cómo están?, somos nuevos en el Instituto, me llamo Alcalina, sí, como el agua. Siempre tengo que explicar la gracia de mis padres. Me enteré de este grupo y quise traer a Carlitos conmigo. Entró a segundo de primaria y pues él es un poco introvertido y a mi no me gusta quedarme sola en casa por eso me atreví a venir.
— Ay claro amiga, están invitadísimos, yo soy Anita, que onda Carlitos, ¿cómo estás campeón?, ¿quieres ir a jugar con los niños? Diles que te dejen jugar.
— ¡No quiero! Quiero ir a casa.
— Carlitos… — Alcalina se lo dijo en un tono suave, no quería regañarle enfrente de las mamas.
— Nombre no te preocupes amiga, así son todos al principio, luego se vuelven inseparables y no se quieren ir a la casa. ¿Ves ese trampolín que está allá? Si lo levantas un poco, no está pesado, puede uno esconderse en el vano que construyeron debajo para que el trampolín quedara al ras del piso. Un día, todos los niños se escondieron ahí porque no se querían ir. ¡No sabes el susto que nos dieron!
En poco tiempo se creó la confianza de que una mamá se llevara a todos los niños al play date mientras que las demás hacían sus pendientes que no habían podido terminar. Cuando se presentaba la ocasión, era porque una mamá preguntaba si alguien podía llevarse a su hijo al play date y cuando una se ofrecía de voluntaria, era costumbre que ella misma le dijera a todas que no se preocuparan, que ella podía con todos. Entonces, todas aceptaban su buena voluntad.
— Entonces qué amiga, ¿tú te vas a llevar a los niños al play date?
— No puedo Cynthia, tengo que ir al súper para comprar todo lo de la comida que vamos a tener con mis suegros. Y me acaba de avisar mi marido que vinieron de visita unos primos, y pues que no pudieron evitar invitarlos, ya sabes como es esto. En fin, voy a ir rapidísimo, y luego me paso por los huercos. Me habló Alcalina, la mamá de Carlitos, y ella se los va a llevar. Avisó en el grupo ¿no viste el mensaje?
— Ay no lo he visto, ¿Ella es la nueva verdad? Fíjate que no me la he topado en Rey.
— Yo tampoco, ni a Carlitos, pero me contó que no se ha sentido muy bien. Como que todavía anda nervioso por su nuevo colegio. Es que sí la entiendo, es un cambio muy grande para ellos. Pero bueno, ahí que nos cuente todo en el parque.
— Ya quedó amiga. Entonces, Alcalina los recoge en Rey, y al rato nos vemos en el parque. Muchas gracias.
— Bye, sí amiga, nos vemos al rato.
Anita iba caminando por los pasillos del supermercado a toda prisa, muy enfocada en los productos que iba a conseguir. Esta vez no iba a permitir que se le antojara comprar algo innecesario porque no había tiempo. Aunque su enfoque en las estanterías era muy agudo pudo divisar algo extraño. Era un niño al final del pasillo que le parecía familiar, pero la persona que lo llevaba de la mano si era una extraña. Como estaba en el otro extremo, no podía asegurar su rostro así que decidió acercarse para ver mejor.
— Carlitos, ¡hola!, ¿qué haces aquí?, ¿porqué no estás en el parque jugando con los demás?
— Discúlpame amiga, ¿de dónde conoces a mi hijo? ¿porqué sabes su nombre?…fuiste tú ¿verdad? ¡Quieres robarme a mi hijo! Te denuncié con la policía, pero como solo te lo llevaste unas horas no aceptaron mi denuncia.
— No, no, no, perdóname, no quise asustarte, soy amiga de su mamá, nos conocimos en el play date del colegio.
— ¡¿Qué?! ¿De qué estás hablando?
— Carlitos, cuéntale que conozco a tu mamá, ¿te acuerdas que nos vimos en el parque de la colonia para que jugaras con tus amigos del colegio?
— Ella no era mi mamá.
— ¿Cómo? Pero ella dijo que…
— Yo soy la mamá de Carlos
— No puede ser, entonces ¿quién está cuidando a los niños en el parque?
Anita dejó abandonado su carrito de súper sin temor a ser considerada una mala clienta. Su miedo le dio el valor de ser violenta con la mercancía y correr hacia la salida lo más rápido posible. Mientras encendía la camioneta marcó al celular de Alcalina, no hubo respuesta. Ella era quien podía explicar todo, no podía ser cierto, pensó. Luego levantó la mirada con los ojos abiertos al máximo. Le llegó una idea a la velocidad de un relámpago ¿Y si esa señora del super tenía a Carlitos secuestrado? Rápido encontró una respuesta en su mente horrorizada No, no puede ser, porque Carlitos dijo que Alcalina no era su mamá. Y la señora me acusó de llevarme a su hijo. ¡Alcalina tenía secuestrado a Carlitos el día del play date!
La camioneta de Anita aceleró lo más que se pudo y cruzó algunos rojos sin causar un percance. Temblorosa, alcanzó a enviar un mensaje de voz en el grupo de las mamas que decía: ¿Alguien está en el parque? ¡Ay no puede ser! Acabo de ver a Carlitos en el super con otra señora y me dijeron que Alcalina no es su mamá. Alguien por favor avise si está ahí con los niños, ya casi llego. ¡No es su mamá!, ¡No es su mamá!
Anita fue la primera en llegar al parque de la colonia. Bajó tan de prisa que dejó la camioneta encendida y la puerta abierta. Corrió hacia los juegos y no había nadie.
— ¡Niños!, ¡¿Dónde están?! Ay no puede ser…
— ¡Anita! ¿Ya los encontraste? — Cynthia le gritó desde su camioneta. Acababa de llegar.
— ¡No, no están!…¡Se los llevó!, ¡Esa maldita, se los llevó!
A los pocos minutos llegaron todas las mamas y se encontraron a Cynthia y Anita tiradas en el césped llorando sin consuelo. Los gritos eran tan fuertes que inmediatamente causaron llanto y pánico en las demás.
— Pero ¡¿qué pasó?! — preguntó una de las madres.
— ¡Se los llevó!, ¡Alcalina se los llevó! — Cynthia fue quien pudo gritarlo. El llanto no dejaba hablar a Anita.
— ¡¿Cómo?! No puede ser. ¿A dónde se los llevó? — preguntó otra madre incrédula.
— A ver, vamos a calmarnos. Llámale a Alcalina, aún no sabemos que está pasando. Tal vez exista una explicación. — Expresó otra madre que intentaba mantener la calma.
— Ya pregunté a unos chicos que estaban en las bancas y ellos no vieron nada. No hay nadie más en el parque. — Una de las madres lo contó agitada de la carrera que acaba de hacer.
— Es que no puede ser. Se me hace muy raro todo esto, eran demasiados niños, ¿cómo se los pudo llevar a todos sin que nadie viera nada? — Cynthia lo dijo más calmada, parecía resignada a la noticia, y ahora solo quedaba investigar.
Anita escuchó las palabras de Cynthia y le cortaron el llanto. De pronto las lágrimas y la presión que sentía en el pecho cesaron. Ahora un calor intenso en la boca del estómago eructaba como un volcán, efusivo. Nació en ella una idea perversa que la levantó del césped. Su cuerpo le fallaba pero las ganas de equivocarse le permitieron mover sus piernas para ir al trampolín. Caminó despacio porqué eran dos fuerzas en batalla las que la movían, una hacia adelante para llegar a la verdad y otra hacia atrás para negar la realidad. Llegó. Levantó el trampolín para comprobar su mentira perversa.
— No…No, ¡¡Noooooooo!!
Anita vió a los niños. El frío se apoderó de la tarde mientras Anita, con los ojos llenos de lágrimas y la respiración agitada, contemplaba los ocho cuerpos destazados que yacían bajo el trampolín. Hubo un silencio sepulcral, pero pronto fue interrumpido por el escalofriante grito de todas las mamas del play date.